31 may. 2005

MISSING PRESIDENT

Desapareció este fin de semana el presidente de Venezuela y sus partidarios se echaron a la calle reclamando su presencia, como una resurección. Todo el mundo tiene miedo; tanto chavistas como antichavistas temen que el-que-ha-hecho-de-palabra-única de este régimen desaparezca, el mismo temor que tienen los cubanos (de La Habana a Miami) cuando por fin Dios se apiade de ellos y llame a su lado (o al lado de su colega del Hades) al dictador-comandante.
Aparte del peligro enorme que significa el hecho de que asesinen o le den un golpe de estado al presidente en Venezuela, puertas seguras para una guerra civil o para una dictadura muy dura, de izquierda o derecha, porque nadie se va a quedar quieto si alguna de las dos cosas ocurren, sobre todo porque el presidente se ha encargado de caldear los ánimos del resentimiento con dinero, chulería y armas; aparte del peligro que estos dos escenarios entrañan, repito, hay que subrayar con tristeza lo presidencialista (casi sinónimo de monarquía) que se ha vuelto Venezuela. El presidente no puede desaparecer ya hacia la vida eficiente y trabajadora del funcionario público que es sin causar la histeria de sus fans y detractores. Como una estrella mediática, si no va al concierto semanal es porque algo está pasando, y los fanáticos son capaces de destruir el escenario y exigir que le devuelvan su dinero.
Tantas veces y con tanta malicia ha dicho él mismo, ¡Que viene el lobo! que la gente, en vez de hartarse, está asustada y basta que desaparezca unas horas para que se levanten todo tipo de rumores y llantos desesperados. Incluso se puede permitir la figura poética: estaba secuestrado por Rosa Inés (su hija menor).
Y, finamente, da una pena infinita ver los esfuerzos de las rémoras que le han aupado estos siete años (el muy abochornante vicepresidente [faldero] José Vicente Rangel, el ministro de Información y demás representantes del Gobierno) tratando de que les creyeran sus palabras, vitupereadas, humilladas y despreciadas por su ídolo cada vez que a este le ha venido en gana hacerlo.
¿Cuántos años faltan en Venezuela (cuántos en el mundo) para que la vida cotidiana de los funcionarios públicos que llamamos presidentes no sea digna de atención para nadie y que cumplan con su trabajo como cualquier trabajador de cualquier ministerio?
Qué tristeza, qué tristeza de país.

5 comentarios:

ROBERTO ECHETO dijo...

Ayy, Gran Juan Carlos (suspiro)... ¡Cuánto horror!

Pasarán cientos de años antes de que el poder no seduzca a la gente y la confunda con el cargo que ocupa temporalmente.

¿Qué te puedo decir?

Topocho dijo...

Eso ocurrirá en el mismo momento en que no existan fotografías de las personas que ocupan los cargos en las oficinas públicas, ni cada valla de una obra incluya el nombre del funcionario además de su cargo (coño, esto era un post)

Kira dijo...

Creo que la costumbre de tener un jefe de tribu desde el neolítico(?) no ha abandonado al ser humano... Nuestras democracias son como monarquías absolutistas de cada -ahora- 6 años. Fenómenos como la globalización, y la guerra de Irak ha traído mayor conciencia en la gente que no quiere ser solamente súbdita servil. Creo que en el mundo occidental y más desarrollado estamos en esa transición histórica la cual quizás no veamos en vida. En Venezuela y toda América Latina, creo que añoramos el tener nuestros reyes y nobleza y programas como "corazón corazón" que se ocupen de ellos. Chávez ha fomentado y revelado esos arcaismos de comportamiento con su entronización en el poder.

querendon dijo...

y así nos va.

querendon dijo...

Roberto...¿qué es eso que tienes en la mano?