20 oct. 2012

La revolución sentimental, de Beatriz Lecumberri


El libro aún humea. Ha pasado más de un mes desde que lo leí, pero el libro sigue humeando en la repisa donde está. Esta periodista española, que vivió durante cuatro años en Venezuela como corresponsal de France Press, ha soltado toda su experiencia en este libro, La revolución sentimental (Punto Cero, Caracas, 2012), título curioso que me recordó de inmediato la obra homónima de Ramón Pérez de Ayala y me hizo pensar en que, parafraseando a Mario Ruoppolo, el protagonista de El cartero, «los títulos no son de quien los pone sino de quien los necesita». Y Beatriz Lecumberri, la autora, ha colocado bajo este buen título un trabajo objetivo y honesto que hay que agradecer vivamente.


Se trata del testimonio de alguien que, con una mirada foránea, retrata un país que ha pasado catorce años de convulsión política a causa de una revolución que se empeña en ser original y autóctona y no deja de dar muestras de impostura y lejanía. Cada caso de que habla, a favor o en contra del gobierno de Chávez, también trae consigo una perspectiva nueva sobre el largo problema: ¿qué está pasando de verdad en Venezuela y cómo se le puede contar a los que no viven allí? Ella opta por la estrategia periodística de dejar hablar a los protagonistas y de ir dando pinceladas donde expone su opinión sobre lo que ve, tratando de no tomar partido y, al mismo tiempo, dejando clara su opinión -cosa harto difícil, si lo pensamos bien.


He dicho mal: este libro no sólo está dirigido a aquellos que no viven en Venezuela y les interesa saber de verdad qué ocurre bajo el régimen de la tal revolución bolivariana, sino también a los que día a día la disfrutan o la padecen, porque una mirada distinta siempre es un soplo de aire fresco para nuestras ideas. No van a estar todo el tiempo de acuerdo con lo que diga, y les va a parecer, a ratos, que las apreciaciones de la periodista yerran por falta de información en algún detalle que se le escapa y que, por otra parte, es inevitable que carezca de él; pero siempre sabrán que les está hablando una persona que no se deja manipular ni por tirios ni troyanos, y que tiene firmes convicciones, algunas de las cuales coincidirán con el lector y algunas otras no; pero no hay nada más sabroso que leer a alguien que tiene algo que decir.


Yo leí el libro de un tirón, regresando de Venezuela; en el aeropuerto de Maiquetía, en el avión y, al final, al filo de la alta noche en mi cama de Madrid, y ni una sola vez me aburrí porque Lecumberri tiene un enorme talento para enganchar al lector mientras cuenta, don supremo de todos los que aspiran al trono de Sherezade. Este libro también me recordó aquel de otra excelente periodista, Miyó Vestrini, que en Isaac Chocrón frente al espejo nos dejó un testimonio impagable de ese fundamental dramaturgo venezolano, pero también el retrato de una época que añoraremos y que quizá no vuelva más.


Insisto: léanlo. Insisto: No estarán siempre de acuerdo con ella. Insisto: a veces se nota que carece de ciertos datos para tener "la foto completa" sobre uno u otro asunto -y estimo que esto puede deberse, casi todas las veces, a la tergiversación y ocultamiento de la Historia que Hugo Chávez y sus secuaces usan con tanta habilidad, y que es la señal primera de los regímenes autoritarios, es decir, la reescritura de la Historia para beneficio de su presente.


Una lectura fundamental hoy en día, sin duda, y que coloca a Beatriz Lecumberri en las primeras filas de la reflexión periodística en español. Que no es poco.

6 comentarios:

Kevork Topalian dijo...

Gracias por esta clara nota. Lo que no comprendo muy bien, sr. Chirinos, es que, por un lado, el título remite a una valoración del movimiento chavista, una valoración sentimental, por lo que cabría pensar que la autora del libro hace por lo menos un esfuerzo en pro de la neutralidad, según también usted indica en su reseña, neutralidad que, sin embargo, pareciera no haber influido en el juicio que usted mismo hace, como lector, en cuanto a "la tergiversación y ocultamiento de la Historia que Hugo Chávez y sus secuaces usan con tanta habilidad": ¿para qué la neutralidad de la autora si usted, por ejemplo, sólo pareciera haber leído la mitad de ese todo conformado por dos tendencias excluyentes? Quiero decir, resulta ingenuo pensar que sólo una de las partes contrapuestas emplea la tergiversación y que la otra es del todo honesta, por lo que nunca hubiera influido negativamente en la autora y evitado que se forjara ella "la foto completa".

La Mancha dijo...

Creo que en ningún lugar de mi comentario hablo de "neutralidad de la autora", sino de algo sustancialmente distinto: hablo de una mirada honesta, de un intento de ser objetiva y de que tiene firmes convicciones con las que evade ser manipulada "por tirios y troyanos". Ella no hace, creí que había quedado claro, "un esfuerzo en pro de la neutralidad", ni mucho menos, porque no está juzgando nada, ni lo pretende, al menos, en el sentido más "moralizante" de la palabra; sólo trata de mostrar su experiencia en Venezuela durante cuatro años, y trata de dar voz a los diferentes actores de la muy compleja realidad venezolana. Nunca deja de estar consciente de que se trata de la mirada de una persona que no es de allí y, por eso mismo, tiene cosas, como mínimo, útiles que decir -y carencias propias del lugar que ocupa como observadora-. Y, sobre todo, lo hace con todo el respeto y el cariño que le inspira nuestro país. Yo he agradecido mucho su mirada.

En definitiva, no es un libro tendencioso más, es un libro honesto, esté uno o no de acuerdo con la manera como expone sus impresiones y sus ideas.

Por otra parte, como creo que la autora no trata de "ser neutral", y como no tengo, como lector libre que soy, que responder sobre mis opiniones más que en el acto de exponerlas, no veo por qué no voy a decir en mi reseña lo que pienso de la tergiversación que el régimen del presidente Chávez ha hecho con la Historia, no sólo de los últimos cincuenta años, sino de casi cada aspecto de la historia del país, desde Colón en adelante. Y ya que él y su gobierno definen las políticas educativas y cívicas de la nación, su trabajo minando el estudio y apreciación de la Historia -basta pensar en la chanfaina ideológica que significa confundir el pensamiento de Bolívar y Miranda; y las ideas chovinistas, racistas y xenófobas acerca de la llegada de Colón a América para darse una idea-, son para ponerles atención y denunciar sus exabruptos. Sempre, le digo, desde mi punto de vista que no tiene nada que ver con el libro que reseño.

El cual, le sugiero con entusiasmo, lea si es que quiere forjarse una idea más cabal de la experiencia de Beatriz Lecumberri, y para que saque sus propias conclusiones.

Gracias.

JCCH

Kevork Topalian dijo...

Bien, usted lo llama honestidad, pero es también neutralidad --¿qué tiene contra el término? Usted apela al hecho de que su comentario es personal y que tiene derecho a ello, pero también es cierto que lo está publicando en este blog, por lo que le da acceso a otros comentarios, como el mío. Me parece que reacciona de manera algo airada. No es la experiencia específica de Lecumberri lo que me interesa conformar, sino la situación de mi país en sí, a traves de distintas miradas, por lo que debo decir que yo tengo mi propia agenda de lecturas. Sí, la autora evade ser manipulada, pero según usted, a fin de cuentas, ella no puede evitarlo, a causa de la tergiversación chovinista, manipulatoria y, en fin, barbarizadora del "gobierno y sus secuaces". Yo no lo contradigo, pero hago la mención de que dicha manipulación es ejecutada tanto por "tirios como troyanos", y que no reconocerlo resulta ingenuo.

La Mancha dijo...

Es su opinión; y tiene derecho a emitirla libremente, incluso en este blog. Es lo que tiene la democracia, esa que tanto le molesta a Hugo Chávez y sus secuaces.
Salud.
JCCH

Capa dijo...

Esta reseña sobre La revolución sentimental se ajusta con exactitud a mi experiencia con este libro. También vivo en Madrid, fui a Caracas a votar, y como el autor de esta reseña leí este libro en Maiquetía, en el avión de vuelta y hasta que terminé de leerlo en mi casa. Todavía lo tengo en mi mesa de noche y cada vez que hablo con algún amigo venezolano aquí pienso: tengo que prestarle La revolución sentimental, se lo tiene que leer. Pero no me animo a soltarlo.
La verdad es que Beatriz Lecumberri dice cosas que probablemente ya sabemos, que estamos cansados de leer y ver en las noticias. Pero a mí, caraqueña de nacimiento, me conmovió la sensibilidad con la que se relacionó con la ciudad y con los venezolanos los 4 años que vivió en Caracas. No permaneció en la cómoda distancia de un periodista europeo, al contrario, se contagió con nuestro drama, se enamoró de la gente, se dejó deslumbrar por el Ávila, con nostalgia habla de los loros que veía volar por las tarde y los ruidos de los sapitos en las noches. Ella, como todos los venezolanos, se empeña en comprender ese caos en el que estamos inmersos, conseguirle un sentido a la autodestrucción feroz. Y lo hace de manera honesta, juega limpio. Se acerca, sin miedo ni prejuicios, a la gente de un lado y del otro. Retrata una realidad muy cruda, pero también consigue comprender qué queremos decir los venezolanos cuando describimos a alguien como `decente´.
Luego de terminar el libro, la única conclusión (mi conclusión) es que mientras exista un discurso (un poder, el poder) dividiendo a los venezolanos no saldremos de este pantano histórico. Podrán decir lo que quieran – que si en la 4ta república esto y aquello, que si el imperio, que si los majunches – pero todos los venezolanos, todos, estamos sufriendo y estamos estancados a causa de esta división. Esto es lo que queda demostrado en este relato, a través de la vida de todas personas entrevistadas. Otra conclusión es que llegará el día que habrá que desmontar la `realidad virtual´ de este gobierno. La manipulación de la realidad, o al menos el intento que hacen, es una verdadera locura que no hace más que crear obstáculos para resolver cualquier problema por muy cotidiano que sea.
Sentí que Beatriz Lecumberri encontró, o al menos intuyó, algo muy valioso en nuestro país, un algo que yo confieso perdí de vista hace un rato, pero que ella se empeña en sacarlo a la luz. Una tarea nada fácil. Sentí que la autora se fue deseando y apostando por un futuro mejor para nuestro país. Se lo agradezco, de corazón.

La Mancha dijo...

Gracias, Capa, por comentar; me alegra que el libro te haya removido como lo ha hecho conmigo. ¡Pero préstalo! :)

JCCH